Chapear en la selva me enseñó lo que ningún manual de ecoturismo puede explicar
Nadie me enseñó esto en un curso.
Cuando llegué por primera vez a la comunidad de Adolfo López Mateos, en plena selva veracruzana, llegué con buenas intenciones, con algo de formación académica y con muchas ganas de “ayudar”. Lo que no llegué fue con idea de cómo chapear.
Hay aprendizajes que solo llegan cuando el cuerpo se cansa, cuando el sol cae encima de la espalda durante horas y cuando entiendes que la selva no se adapta a ti: tú tienes que aprender a convivir con ella.
El machete y el gancho
Chapear es cortar la hierba alta con machete. Es una tarea cotidiana en las comunidades rurales, especialmente en zonas de selva donde la vegetación crece rápido y con fuerza. Se hace con un machete en una mano y un gancho en la otra: el machete corta, el gancho aparta.
Si alguien me hubiera dado esas dos herramientas el primer día, yo no habría sabido ni por dónde empezar. No habría sabido cómo sostener el machete correctamente, cuál es el movimiento más eficiente, a qué hora del día conviene hacerlo, cómo proteger las manos de las ampollas que inevitablemente llegan.
Pero llegué, observé, pregunté, cometí errores con paciencia ajena (sobre todo eso) y con el tiempo, aprendí.
Recuerdo perfectamente la primera vez que salí a chapear. Yo estaba agotada. Pensaba que ya llevábamos muchísimo tiempo trabajando, pero cuando pregunté cuánto faltaba, la respuesta fue: “Apenas empezamos”.
Ahí entendí algo esencial: las comunidades rurales llevan décadas realizando trabajos físicamente demandantes que muchas veces el resto del país nunca ve, nunca reconoce y rara vez remunera de manera justa. Y aun así, siguen cuidando bosques, selvas, ríos y biodiversidad que benefician a todos en este nuestro planeta.
El ecoturismo comunitario no empieza con turistas
Muchos de los senderos que turistas recorren durante una experiencia ecoturística existen gracias a horas y horas de trabajo comunitario que casi nunca se ve. Detrás de una caminata “bonita” hay personas limpiando caminos bajo calor intenso. Detrás de una fotografía espectacular hay alguien que madrugó para dejar listo el recorrido.
El ecoturismo comunitario empieza con territorio. Y el territorio exige trabajo: físico, constante, invisible.
Esa experiencia de llegar con buenas intenciones pero sin herramientas reales para actuar en contexto me enseñó algo que no está en ningún manual: la comprensión profunda no se construye desde afuera.
Se puede estudiar, sí. Se pueden leer diagnósticos, metodologías, marcos conceptuales. Todo eso tiene valor. Pero entender por qué una comunidad toma ciertas decisiones, por qué un acuerdo funciona o fracasa, por qué los precios se fijan como se fijan… eso solo se logra estando adentro. No basta con consultar: hay que convivir. No basta con visitar: hay que involucrarse, hay que llenarse las manos de tierra.
Lo que cambió en mí después de vivir en comunidad
Llegué con la convicción de que podía aportar. Y puedo, genuinamente. Pero aprendí a hacerlo diferente.
Aprendí que antes de proponer hay que escuchar mucho. Que los tiempos de una comunidad no son los tiempos de un proyecto institucional. Que la confianza se construye con presencia y consistencia, no con un taller de dos días y una presentación de PowerPoint.
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También aprendí algo incómodo: la relación con el tiempo. En muchos espacios vivimos acelerados. Todo urge, todo debe producir. En comunidad aprendí que los procesos toman tiempo, que la confianza no se fuerza, que las decisiones colectivas requieren diálogo y que la naturaleza tiene ciclos propios.
Hoy desconfío profundamente de las soluciones rápidas. Construir un proyecto comunitario sólido requiere paciencia, escucha y coherencia.
El problema de romantizar
Algo fundamental que aprendí viviendo dentro de una comunidad es que romantizarla puede ser muy dañino. Las comunidades no son escenarios turísticos perfectos: son espacios humanos con necesidades, conflictos, cansancio, retos económicos y tensiones organizativas.
Idealizar impide entender las necesidades reales. Y muchas veces genera expectativas injustas: que siempre estén disponibles, que siempre sonrían, que siempre reciban visitantes con entusiasmo. El ecoturismo comunitario ético también implica reconocer que las comunidades tienen derecho al descanso, a poner límites y a decidir cómo quieren participar.
Además, muchos proyectos fracasan porque se enfocan únicamente en atraer turistas sin fortalecer las bases comunitarias. Sin organización sólida aparecen conflictos internos, se concentran responsabilidades, disminuye la motivación y el proyecto se vuelve insostenible. El turismo es solo una herramienta. El verdadero objetivo es fortalecer la capacidad de las comunidades para decidir sobre su territorio.
Mi función en todo esto
La función de asesora en este sector es más parecida a la de las personas que me enseñaron a chapear que a la del experto que llega a dar instrucciones. Acompañar procesos, no implementar soluciones.
No hablo solo desde un escritorio ni desde la teoría pura. Hablo desde la selva de Los Tuxtlas, desde las reuniones donde se discuten roles y comisiones, desde las mañanas en que se chapea antes de recibir visitantes, desde los momentos de incertidumbre y también desde los de orgullo genuino cuando algo funciona.
La organización con la que colaboro, Selva del Marinero, es una sociedad de solidaridad social de ecoturismo campesino conformada por 26 socios en la zona núcleo 2 de la Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas, en Veracruz. No es un caso de éxito de vitrina. Es una organización que sigue existiendo y trabajando tras casi tres décadas, con sus avances, sus retos y su enorme potencial. Si algún día puedes visitarla, te lo recomiendo con el corazón.
Una invitación
Si trabajas en turismo, desarrollo comunitario o conservación: antes de diseñar soluciones, escucha. Antes de proponer estrategias, observa. Antes de hablar de comunidades, convive con ellas.
Porque ahí es donde empieza realmente el ecoturismo comunitario.
¿Tú también has aprendido algo inesperado desde adentro de una comunidad? Me encantaría leer tu historia en los comentarios.
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Este es un espacio digital donde emprendedores, organizaciones y aliados del turismo de naturaleza nos encontramos para aprender, compartir y crecer juntos. Aquí no hay teoría vacía: cada estrategia, herramienta y consejo nace de la experiencia real de quien vive dentro de una comunidad, ha pasado por situaciones casi iguales a los tuyos y ha encontrado soluciones que funcionan. Si tu organización enfrenta desafíos con precios, trabajo en equipo, sostenibilidad o visibilidad, este es el lugar donde encontrarás personas que entienden exactamente por lo que estás pasando.
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